Rashtrapati Bhavan, Palacio Presidencial de la India: la imponencia del poder indio en el corazón de Nueva Delhi
Updated: Sep 7

Sobre la colina de Raisina, en el centro simbólico de Nueva Delhi en la India, se levanta el Rashtrapati Bhavan, la residencia y sede oficial de la Presidencia de la República de India. Diseñado por el arquitecto británico Edwin Lutyens, con la colaboración de Herbert Baker, y construido entre 1912 y 1929 como palacio del virrey británico, el edificio es hoy uno de los símbolos más contundentes del poder democrático más grande del mundo. Su fachada, tallada en dos tonalidades de arenisca, combina de manera magistral elementos de la arquitectura clásica europea con motivos mogoles e indios, una fusión que convierte al edificio en una declaración arquitectónica tan política como estética.
Las cifras por sí solas bastan para transmitir su magnitud: el Rashtrapati Bhavan cuenta con 340 habitaciones distribuidas en cuatro niveles, conectadas por más de dos kilómetros y medio de pasillos. Su perímetro ronda el kilómetro de longitud, y la estructura principal se extiende aproximadamente 195 metros de ancho por 165 de profundidad, coronada por una cúpula central que domina el perfil de la ciudad. A su alrededor se despliegan los célebres Jardines Mogoles, un vergel de rosas, buganvilias y fuentes en terrazas que cada año abre sus puertas al público de todo el mundo.

Hoy, el edificio es ocupado por la presidenta Droupadi Murmu, quien desde 2022 se convirtió en la primera mujer de una comunidad tribal en ocupar la jefatura de Estado de India, y cuya gestión ha estado marcada por un fuerte énfasis en la inclusión social.

El primer ministro Narendra Modi, al frente del Ejecutivo desde 2014 y hoy en su tercer mandato consecutivo, es quien encabeza el gobierno del día a día, mientras que el Rashtrapati Bhavan conserva su papel ceremonial y protocolario como epicentro de la vida institucional del país. Ningún espacio del palacio resume mejor su carácter solemne que el llamado Ganatantra Mandap, conocido históricamente como Durbar Hall, un salón circular de 23 metros de diámetro cubierto por mármol blanco y coronado por una cúpula doble de 25 metros de altura, de la que cuelga una lámpara de cristal belga a más de treinta metros del suelo. Es allí donde se han tomado posesión los primeros ministros de India y donde la presidenta entrega las condecoraciones civiles y militares más prestigiosas del país.
A escasos metros se encuentra el Ashok Mandap, antiguo salón de baile de la época virreinal, hoy reservado para las grandes cenas de Estado en honor a jefes de gobierno y monarcas visitantes: por sus mesas han pasado desde presidentes de Estados Unidos hasta reyes europeos y líderes asiáticos, en veladas donde la diplomacia se sirve entre vajilla de plata, música de orquesta y una coreografía protocolaria heredada, en parte, de la tradición imperial británica.






Desde 2014, una porción significativa del complejo, las antiguas caballerizas y cocheras del virrey, se transformó en el Museo del Rashtrapati Bhavan, abierto al público la mayoría de los días de la semana. Sus galerías, distribuidas en tres plantas, exhiben desde los regalos de Estado recibidos por los distintos presidentes hasta piezas que narran el traslado de la capital de Calcuta a Delhi y la evolución misma de la institución presidencial. Es, junto con una visita guiada a los salones principales del edificio, solo disponible ciertos días y mediante reserva en línea, una de las pocas ventanas que tiene el público para asomarse al interior de un poder que, por su propia naturaleza, suele mantenerse detrás de las puertas.
Más que una simple residencia oficial, el Rashtrapati Bhavan es una pieza de arquitectura política: un edificio pensado en su origen para proyectar el dominio imperial británico y que, tras la independencia de India en 1947, fue resignificado como emblema de una democracia de más de mil cuatrocientos millones de personas.
Caminar hoy por sus corredores o simplemente contemplar su cúpula desde el Rajpath, es enfrentarse a esa paradoja fascinante: la de un palacio construido para un imperio que se convirtió, con el tiempo, en la casa de la democracia más poblada del planeta.
Crédito de fotografía: Laura Fernanda Bolaños y el Gobierno de la India.
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